Capítulo 3 . La calma también se entrena
- Isabel León

- 1 jul
- 1 min de lectura
Hace poco, durante uno de mis talleres, alguien me hizo una pregunta que me llevó a reflexionar:
—¿Cómo consigues mantener la calma en los momentos de crisis?
Hasta entonces, nunca me había detenido a analizarlo. Con el tiempo he comprendido que la calma no aparece por arte de magia: también se entrena.
Mantener la calma no significa dejar de sentir
Vivimos rodeados de estímulos que nos empujan a reaccionar rápidamente, a buscar respuestas inmediatas y a querer tenerlo todo bajo control.
Sin embargo, mantener la calma no significa no sentir miedo, enfado o preocupación. Significa aprender a sostener esas emociones sin permitir que decidan por nosotros.
Entre lo que sucede y nuestra respuesta existe un pequeño espacio. Es ahí donde podemos detenernos y elegir cómo queremos actuar.
Pequeños gestos para recuperar la calma
Como cualquier otra habilidad, la calma necesita práctica. Podemos empezar con acciones sencillas:
Respirar conscientemente cuando sentimos que todo se acelera.
Detenernos unos segundos antes de responder o tomar una decisión.
Aceptar que no podemos controlarlo todo, pero sí nuestra manera de afrontarlo.
Elegir desde qué lugar queremos vivir aquello que nos está sucediendo.
No siempre lo conseguiremos, y no pasa nada. Entrenar la calma no consiste en hacerlo perfectamente, sino en reconocer cuándo la hemos perdido y aprender a regresar a ella.
La calma quizá no cambie lo que sucede a nuestro alrededor, pero sí puede transformar por completo la manera en que lo vivimos.
¿Qué haces tú para recuperar la calma cuando sientes que todo se acelera?




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